Esta incomodidad es a veces tan sutil, como el miedo que alimenta y aferra el no movimiento.

Salir de donde todo está garantizado (un sueldo en un trabajo que ni motiva , una relación sin magia sumida a la rutina,etc) donde todo es cómodo y confortable, para muchos es una locura, pero para otros se torna una necesidad.

Pero es en ese lugar, donde a veces los sueños no pueden crecer. Tal vez para muchos por su conformismo, o su afán por la vida fácil…no se les presente nunca la opción del cambio, del arriesgarse para ganar…o perder. Y no contemplen nunca en la vida luchar por el cambio. Y este cambio trae la ruptura de viejas estructuras, patrones, estilos de vida…incluso de pensamientos.

Y entonces aparece el reto, el reto en el confiar plenamente en la vida y que sea ella quien disponga, soltar el control de la situación, porque aunque a priori todo esté bajo control en la zona de confort, la vida en un segundo lo pone todo patas arriba. Vivir la incertidumbre se convierte en natural, porque al fin y al cabo aunque nos pese la vida es incertidumbre, en un universo cambiante donde reina la impermanencia.

A veces para crecer, hay que confrontarse al desafío, encararse a una vida que no sabes por dónde va a salir pero que aún así confías plenamente en ella. Tienes fe en el proceso y en los pasos que conlleva.

La libertad trae riesgo pero el riesgo de vivir abandonando sueños en esa sigilosa muerte interna que borra la dicha e ilusión…
Tal vez sea un precio más caro.

En definitiva también sale caro vivir con la culpa de no haber luchado por unos sueños. Esa culpa es incómoda.
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