Muy mala fama tiene este término, para toda la liberación y salvación que realmente conlleva.

Cuantos programas tenemos, cuantos condicionamientos que nos dicen que no hay que rendirse nunca, que hay que luchar hasta el final.

Y en parte, sí es así y en parte no. Cuántas veces nos aferramos a algo que está abocado a terminar, y la vida nos dice una y otra vez que no hay camino en esa dirección. Cuanto dolor por querer cambiar lo incambiable,

Al final es todo un acto egoíco, que no quiere dar su brazo a torcer; que no quiere ser dominado por una situación, que realmente no tienes tintes de cambio.

La rendición es un acto de humildad, de reconocimiento. Sí, de reconocer que hay algo superior que rige todo. Cada cual que lo llame como quiera, conciencia suprema, el todo, Dios, conciencia superior…y así un largo etcétera. Es un acto en el que con conciencia plena, admitimos que nuestra mente es limitada, y no todo lo pude. Que el cosmo o universo tiene siempre la última palabra por más que nuestra mente se aferre a tenerlo todo bajo control y a no aceptar aquello que se le escapa de las manos.

La rendición es un acto de fe, una entrega total al proceso. Entregar a la vida aquello que no podemos cambiar, entregar nuestro poder, dejando de perder energía y dejando de sufrir por ello. Recuperando así el poder, creando así una paradoja. Y es en el momento en el que realmente se suelta y entrega a lo superior, cuando las resistencias desaparecen y todo cambia, es como si las propias resistencias ante la situación, impidieran que todo cambiase y tomase un nuevo rumbo.

La rendición no es un acto cobarde, todo lo contrario. Es algo cargado de valentía, la valentía del que reconoce que no todo lo puede, que aunque pueda cocrear, hay una creación suprema que todo lo puede. Que nuestra mente es limitada pero podemos entregar el proceso a la conciencia ilimitada, ella le dará una nueva forma, un nuevo destino

Si alguna has estado contra la espada y la pared, si la última y única opción fue la rendición y optaste por ella por agotamiento y desilusión incluso falta de fe…sabrás que tras ella, llega la fe. Sabrás de lo que te estoy hablando.