No puedo obviar que bastante a menudo no puedo hacerlo yo solo. Aunque el impulso y la intención nazcan de mí, aunque la perseverancia necesaria y la tenacidad sean de mi cosecha… a menudo necesito a alguien. Necesito del otro, para que me sostenga y me facilite el proceso, para que me guíe y me aconseje. O tal vez, simplemente me escuche…haciendo que me escuche yo y oiga mi propia respuesta.

A menudo, las fuerzas no me llegan, o fallo en la estrategia o en el modo modo de perseguir mi objetivo, y alguien me presta su ayuda, su experiencia, o enhebra ese paso al que tan negado estaba yo. Cada uno con su don natural aporta, y entre todos nos nutrimos. El yin necesita del yang y viceversa… y no es una dependencia. es simbiosis pura.

Sin ir más lejos si miro en mi día a día puedo ver la ropa que me abriga y fueron otros quienes recolectaron el algodón, otros tejieron, otros transportaron y algunos se encargaron de organizar toda la logística necesaria. Lo mismo ocurre con los alimentos y productos de primera necesidad. Como en un inmenso hormiguero, cada uno tiene su función, y esa interdependencia, ese sentido de pertenencia a todos y a todas, se hace palpable. tornándose una realidad de la que a veces pasamos por alto.

Y en el día a día nos necesitamos los de los otros, para unas cosas o para otras.