CUANDO NOS RELACIONAMOS DESDE LA HERIDA.
Hay sólo dos estados en los que podemos estar:
– Estado de sufrimiento o estado de separación. Engloba cualquiera de los estados estresantes: ansiedad, miedo, dolor, tristeza, celos, culpabilidad, rabia…
Cualquiera que nos aboque al sufrimiento y a un estado de desconexión (tanto con nosotros mismos como con nuestra parte más elevada). Estamos separados, nos sentimos separados del otro y de todo. Estado egoíco, de egoísmo. Estamos viviendo en el pasado o en el futuro.
-Bello estado de conciencia o estado de unidad. En estos estados no hay sufrimiento alguno, nos encontramos en un estado de conexión y unidad. En presencia, sólo acontece el presente. Entre ellos alegría, paz, quietud, amor, gratitud…
Nos sentimos uno con el otro y con todo. Hay escucha real, empatía y capacidad de ponerse en los zapatos del otro.
Teniendo en cuenta estos dos estados, cuando hay un desencuentro en la pareja es porque ambos están transitando un estado de sufrimiento. Si uno de los dos estuviese en un bello estado contagiaría al otro, y lo haría conectarse a la unidad.
Pero a menudo se toca inconscientemente heridas antiguas, que nos conectan con el sufrimiento y con la herida. Relacionarse desde ahí tiene un trágico final, porque las heridas sangran y duelen tanto que se es incapaz de mirar desde donde mira el otro.
Hay tanto dolor, se está tan inmerso en él que la interacción por sí ya se convierte en dolorosa. Y nos acabamos relacionándonos desde la herida y no desde el amor
.
Lo bueno de todo, que como todo en esta vida es pasajero y cambiante y con los estados no son perenne, pasamos del sufrimiento al bello estado y viceversa. De forma contínua y natural.
Y es cuando estamos en estados de unidad en los que tenemos que aprovechar para conectar desde el amor y la escucha.